viernes, 8 de mayo de 2015

'Vidas erráticas' de Gianni Celati



'Vidas erráticas' es costumbrismo italiano existencialista. Son tres relatos cortos que mezclan humor con nostalgia y melancolía. El primero está protagonizado por los dos peores alumnos del colegio, los que se sientan en el último banquillo, pero siempre suspenden, aunque no les importa demasiado, así que se dedican a callejear durante todo el día. Uno es apático y ensimismado, y parece que no hay nada que le interese, mientras que el otro es más parlanchín, aunque sus temas de conversación y su vocabulario son más bien escuetos, y prácticamente lo único que le interesa son las mujeres pechugonas. 

El segundo cuento está protagonizado por un chico estudioso y aplicado que, a la muerte de su padre, tiene que dejar los estudios para sentarse detrás del mostrador de un estanque y escuchar las conversaciones banales de los viejos que lo frecuentan, mientras él reflexiona sobre cuestiones peliagudas como por ejemplo qué valor tiene el individuo frente a las masas y al universo. Y finalmente el tercer relato está centrado en un escritor de novelas históricas, reconocido y premiado pero algo apolillado, que nunca ha dudado que su fama es merecida hasta que un día, por casualidad, oye un joven que lo critica. 

Sin embargo, no se trata de historias independientes, ya que todas están ambientadas en la misma ciudad de provincias, el narrador es el mismo, hay personajes que aparecen en más de un relato y el final enlaza con el principio de una manera original e inesperada. 'Vidas erráticas' es un libro fresco y vivo, tanto que su estilo puede parecer improvisado y errático, cuando es todo lo contrario, y ahí es donde radica el mérito: hacer que algo tan meditado y hasta cierto punto artificioso parezca algo natural, tangible. 


jueves, 5 de marzo de 2015

'Sin destino' de Imre Kertész





Cierto que de novelas escritas por sobrevivientes del Holocausto hay bastantes y que todas son igual de necesarias, pero creo que no es menos cierto que algunas van mucho más allá del documento histórico y se convierten en literatura de altísimo nivel. Lo que primero sorprende de 'Sin destino' de Imre Kertész es que está narrada y protagonizada por un chico de 14 años. Su mirada es, por lo tanto, inocente, casi ingenua. Estremecedor es el momento en que él y sus compañeros llegan a Auschwitz, ven los presos, piensan que estos son criminales que han sido encarcelados por haber cometido un crimen, y ni sospechan que es el destino que a ellos les espera (si tienen la suerte de esquivar las cámaras de gas). 

También es inquietante, pero comprensible, la forma en que el narrador acepta lo que va ocurriendo, los hechos atroces, como si fuera lo más natural del mundo. “Es natural” repite, y también: “Es comprensible; en su lugar yo haría lo mismo”. El tono es desafectado, un punto distante en algunos momentos. Aún así, también hay espacio para describir la belleza y la bondad, lugar para la calma y la paz interior, e incluso el sentido del humor. 

Sí, es angustiante leer cómo el sufrimiento hace caer el protagonista en la desesperanza, hasta el punto que deja de importarle si vive o muere. Queda despojado de toda individualidad y todo deseo de seguir luchando. El instinto de supervivencia tiene un límite y él lo sobrepasa. Pero, luego, algo tan banal como el olor de la sopa que reparten, le hace revivir. En él último instante se da cuenta que no quiere morir, que quiere volver a probar sopa una vez más, y así día tras día, paso tras paso. 

Y a pesar de todo, Kertész quiere dejar claro que incluso en los campos de concentración se cuela la alegría por estar vivo. Es precioso cómo describe el momento en que los presos vuelven del trabajo y hasta que no es la hora de la cena, ya que es el momento en que todos se apresuran a hacer sus cosas, hablar con los otros y compartir lo que les ronda en la cabeza. También son de lo más bonitos y emotivos los momentos de camaradería entre los personajes y los gestos de bondad desinteresada que pueden tener unos con otros. Y es que 'Sin destino' es un libro muy duro, por supuesto, pero también es tierno y extrañamente optimista, un auténtico canto a la vida. 



viernes, 6 de febrero de 2015

'Todo lo que hay' de James Salter



Para ser escrita por un hombre blanco hetero (muy macho) de casi 90 años, 'Todo lo que hay' no está nada mal. Lo más curioso es que esta novela de James Salter me gusta a pesar de sus defectos, a pesar de mis fobias, a pesar de todo. Me cuesta encontrar otra razón para justificar mi gusto por este libro que no sea la de que “está bien escrito”. Esto es algo raro en mí, ya que lo que a mí me suele interesar de la literatura son los personajes, personajes multidimensionales, complejos e incluso contradictorios. Y de este tipo de personajes no hay ni rastro en 'Todo lo que hay'. Todos son terriblemente planos e insulsos. Especialmente las mujeres; todas ellas son cuerpos de Diosas de una belleza perfecta que sirven como excusa para describir la gran potencia sexual del protagonista. Evidentemente esto para mí es (como mínimo) exasperante pero, lo dicho, a pesar de todo, el libro me ha gustado. 

En una conversación entre el protagonista y su amigo (ambos editores), éste comenta que no le gustan los libros que describen directamente a los personajes, que prefiere que los personajes sean descritos a través de los diálogos que tienen, de las palabras que dicen y cómo las dicen. Supongo que ésta es la idea que hay de fondo, porque los personajes hablan mucho. Hablan mucho, pero básicamente de nada, aunque en unas pocas ocasiones hablan de libros y entonces es magnífico. Aunque, de hecho, incluso cuando hablan de nada, las conversaciones son reales, vivas, veraces. Es la prosa lo que salva y eleva esta novela. A Salter no le interesa crear personajes profundos ni narrar una trama interesante, sino desplegar un estilo impresionista, con pinceladas vigorosas, coloristas y evocadoras de sensaciones subjetivas e identificables. 

Quizás deba anotar ahora de qué va el libro, por más que dude que valga la pena. La historia empieza en un barco de la marina en el Pacífico durante la segunda guerra mundial y después se traslada al mundillo editorial, un mundillo privilegiado lleno de fiestas y cenas selectas y líos de faldas. Suena bastante anodino, ¿verdad? Pero mientras tanto la vida va pasando y el protagonista se va haciendo mayor, buscando un lugar (o una persona) que pueda llamar hogar, sin nunca acabar de conseguirlo. Aún así, tampoco da mucha pena porque es un tipo bastante egoísta y a veces incluso directamente rastrero. Pero, afortunadamente, la novela en realidad es una novela bastante coral: nos va contando las vidas (con sus buenos y malos momentos) de los personajes que se cruzan con el protagonista, unas vidas presentadas de una forma sucinta pero vívida, de una forma que en ocasiones me ha recordado un poco a los relatos de John Cheever. 

No hay duda que James Salter es un estilista y a mí los estilistas (en el sentido de escritores los cuales por lo que más/único que se preocupan es el estilo), con suerte, me suelen dejar fría, cuando no me irritan. Pero Salter lo es sin dejarse llevar por las florituras; él es poéticamente conciso. Y (paradójicamente o no) gracias a su estilo (que no deja de ser un lenguaje que antes que nada llama la atención sobre sí mismo) consigue insuflar vida a lo que escribe. Sus conversaciones son realistas y casi tangibles, los momentos que relata pueden ser banales pero también auténticos, y las sensaciones que describe son reconocibles y abrumadoramente corpóreas. 

martes, 20 de enero de 2015

'Solo en Berlín' de Hans Fallada




Hans Fallada escribió (las más de 500 páginas de) 'Solo en Berlín' en 1946, en apenas cuatro semanas. A veces me ha dado la sensación de que esto se nota en los diálogos apresurados y los sucesos encadenados; pero otras veces me he dicho que no se nota para nada, porque es una maravilla cómo los pequeños detalles que parecían ser intrascendentes acaban siendo vitales y encajando unos con otros de forma perfectamente calculada. 

Para escribir esta novela Fallada se inspiró en un suceso real, el de un matrimonio humilde de Berlín que durante el nazismo se dedicó a escribir y distribuir postales subversivas contra el régimen, hasta que acabaron siendo descubiertos y ejecutados. Fallada se toma algunas licencias respecto a la realidad estricta con el propósito de convertirla en una novela coral que describa la vida cotidiana del pueblo alemán bajo el nazismo. 

Así, Fallada no nos relata sólo la historia de un matrimonio humilde que, después de perder a su hijo en la guerra, decide resistir y enfrentarse a una dictadura que considera injusta, aunque sea con acciones pequeñas, sino también la de los judíos perseguidos, la de los delatores de baja estofa, la de los que sólo quieren pasar desapercibidos, la de los delincuentes de poca monta, la de los altos cargos hedonistas, la de los que aspiran a ser un día altos cargos y que no gastan ningún tipo de escrúpulo, etc. 

'Solo en Berlín' nos transmite muy bien el angustioso ambiente de miedo y paranoia que se debía respirar en la Alemania de esos días, en la que todo el mundo tenía algo que esconder por más que fuera totalmente inocente. Esto me ha gustado mucho. También me ha gustado mucho que el matrimonio protagonista sea formado por Otto y Anna, dos personas grises y simples, y que estos no sean descritos bajo una luz idealizadora y heroica. 

Fallada es un escritor directo, a veces demasiado directo, de modo que en algunos momentos la forma en que se cruzan las vidas de los personajes es algo forzada, y hay algunas escenas demasiado obvias e incluso peripatéticas. Pero, por otra parte, luego hay escenas de una delicadeza, una sensibilidad y una sutilidad maravillosas. Así, me ha encantado la relación que hay entre marido y mujer. Otto es un hombre frío, introvertido, rudo y seco, y Anna le va a la zaga. Pero aún así, en pequeñas cosas, se puede ver lo mucho que se quieren, que prácticamente sólo viven por el otro y que los dos forman un todo. Sorprende ver una representación tan bonita y sencilla del amor en una obra tan dura. 

Otras escenas que me han parecido preciosas han sido las de la relación de Otto con su compañero de celda, un director de orquesta culto y sensible, que le enseña a jugar al ajedrez y le insinúa el poder benéfico de la música, pero que también le muestra que en la vida hay algo más que trabajar, que hay pequeños placeres de los que se puede disfrutar, y entre estos placeres el de la conversación, la amabilidad y la generosidad no son de los menores. Así, en la cárcel, a las puertas de la muerte, el protagonista siente por primera vez unos sentimientos que son nuevos para él e incluso se llega a arrepentir de haber llevado una vida como la que ha llevado, fría y áspera. Y éste es un clímax verdaderamente precioso para una novela que describe un mundo tan cruel. 

sábado, 3 de enero de 2015

Libros en el 2014

Mis propósitos como lectora para el 2014 eran básicamente leer libros más gordos y se puede decir que lo he conseguido. He leído 17 libros de más de 350 páginas y, entre estos, ocho de más de 500. En total he leído unas 16.400 páginas, que es un nombre más bonito que decir que no he llegado a leer 50 libros en un año (me he quedado en 46). Aún así, en todos los sentidos, he leído más que el año pasado y creo que puedo decir “misión cumplida” (por más que no haya leído todos los libros que marqué como “para leer”, pero sí la mayoría).

Este año he seguido disfrutando de los cuentos de Alice Munro y los novelones de Eça de Queirós, he confirmado el talento de Sofi Oksanen e Iris Murdoch, he descubierto a escritores que sin duda voy a seguir leyendo como Karl Ove Knausgård y Edna O'Brien, me he reconciliado con Virginia Woolf (gracias a 'Al faro`), me he maravillado entre grandes novelas con trasfondo histórico como 'Las aventuras del buen soldado Svejk' o 'En tiempos de luz menguante' y también 'Solo en Berlin', y me he sorprendido a mí misma disfrutando de libros contemporáneos como 'Qué fue de Sophie Wilder' y 'El ensayo general'.

Ahora la lista completa (con los favoritos en negrita):

  1. 'Las grandes familias' de Maurice Druon
  2. 'La tercera mentira' de Agota Kristof
  3. 'Del álbum de un cazador' de Ivan Turguéniev
  4. 'La impaciencia del corazón' de Stefan Zweig
  5. 'La mujer de púrpura' de Jeanette Winterson
  6. 'Escapada' de Alice Munro
  7. 'Las almas juzgadas' de Miklós Bánffy
  8. 'No soy Sidney Poitier' de Percival Everett
  9. 'Cuando las palomas cayeron del cielo' de Sofi Oksanen
  10. 'Tres hombres en una barca' de Jerome K. Jerome
  11. 'Memorias de la casa muerta' de Fiodor Dostoievski
  12. 'La casa de hojas' de Mark Z. Danielewski
  13. 'Un día es un día' de Margaret Atwood
  14. 'L'altra' de Marta Rojals
  15. 'El secreto' de Donna Tartt
  16. 'La ladrona de libros' de Markus Zuzak
  17. 'Qué fue de Sophiel Wilder' de Christopher R. Beha
  18. 'La tragedia de la calle de las Flores' de Eça de Queirós
  19. 'El ensayo general' de Eleanor Catton
  20. 'El libro de la felicidad' de Nina Berberova
  21. 'En tiempos de luz menguante' de Eugen Ruge
  22. 'La escoba del sistema' de David Foster Wallace
  23. 'Vera' de Elizabeth von Arnim
  24. 'Yonqui' de William S. Burroughs
  25. 'Las chicas de campo' de Edna O'Brien
  26. 'La muerte del padre' de Karl Ove Knausgård
  27. '14' de Jean Echenoz
  28. 'Al faro' de Virginia Woolf
  29. 'Los Buddenbrook' de Thomas Mann
  30. 'Tierra desacostumbrada' de Jhumpa Lahiri
  31. 'Yo serví al rey de Inglaterra' de Bohumil Hrabal
  32. 'Me casé con un comunista' de Philip Roth
  33. 'Verano en el lago' de Alberto Vigevani
  34. 'Los siete años de abundancia' de Etgar Keret
  35. 'Las aventuras del buen soldado Švejk' de Jaroslav Hašek
  36. 'El cuaderno invisible' de Daniel Mueenuddin
  37. 'Vamos a calentar el sol' de José Mauro de Vasconcelos
  38. 'El príncipe negro' de Iris Murdoch
  39. 'Historias de cronopios y de famas' de Julio Cortázar
  40. 'La historia siguiente' de Cees Nooteboom
  41. 'El libro de la señorita Buncle' de D.E. Stevenson
  42. 'Solo en Berlín' de Hans Fallada
  43. 'Amistad de juventud' de Alice Munro
  44. 'El rayo mortal' de Daniel Clowes
  45. 'El maestro de almas' de Irène Némirovsky
  46. 'Crisis (de ansiedad)' de Juanjo Sáez
Y para éste año 2015 voy a seguir con mi propósito de seguir leyendo libros largos (además de más libros escritos por mujeres y de autores no anglosajones) y, sobre todo, seguir disfrutando de la lectura sin estresarme ni con números ni con propósitos. Estos son algunos de los libros gordos que pretendo leer.
  1. 'El reino dividido' de Miklós Bánffy
  2. 'El libro del desasosiego' de Fernando Pessoa
  3. 'El arco iris de la gravedad' de Thomas Pynchon
  4. 'Lobo entre lobos' de Hans Fallada
  5. 'Un hombre enamorado' de Karl Ove Knausgård
  6. 'Servidumbre humana' de William Somerset Maugham
  7. 'Las confesiones de un italiano' de Ippolito Nievo
  8. 'Las escaleras de Strudlhof' de Heimito von Doderer
  9. 'Tenemos que hablar de Kevin' de Lionel Shriver
  10. 'El jilguero' de Donna Tartt
  11. 'Estambul era un cuento' de Mario Levi
  12. ‘Una mujer difícil’ de John Irving

Y en el banquillo dejo cuatro que me producen un respeto especial, que quiero leer algún día pero no sé si me acabaré de atrever.

  • 'Caramelo' de Sandra Cisneros
  • 'El plantador de tabaco' de John Barth
  • 'Los detectives salvajes' de Roberto Bolaño
  • 'Herzog' de Saul Bellow

sábado, 13 de diciembre de 2014

'Vamos a calentar el sol' de José Mauro de Vasconcelos



Más de una vez me he dicho que se ha acabado, que no voy a leer nunca más otro libro sobre un niño que se hace mayor, que ya he leído un montón (porque hay a patadas) y que ya estoy harta del punto de vista masculino. Sin embargo, por una razón u otra, también más de una vez he roto esta semi-promesa y he vuelto a leer otro libro sobre el abandono de la infancia y la pérdida de la inocencia de un personaje masculino. Pero esta vez, por una vez, no me he arrepentido de haberme saltado mi norma no escrita, porque 'Vamos a calentar el sol' es, sin duda, un libro especial, diferente. 

El libro de José Mauro de Vasconcelos derrocha la imaginación desbordante de la infancia y hace gala de una hipersensibilidad a flor de piel, lo cual le lleva a hacer equilibrios en la fina y peligrosa línea que separa lo tierno de lo cursi. Para mí, nunca cae en el azúcar empalagoso, pero puede que no todo el mundo piense así. La novela está llena de momentos e imágenes sentimentales, pero mi preferida es la que da origen al título: todos tenemos un sol dentro de nuestro corazón y, cuando estamos tristes, este sol se va enfriando y tenemos que ponernos a hacer algo bonito, algo que nos guste, para así calentar nuestro sol y evitar que se apague. 

'Vamos a calentar el sol' es un libro semi-autobiográfico, cuyo protagonista es Zezé, un niño que se va a vivir con unos parientes ricos de la ciudad para poder estudiar y así, el día de mañana, ayudar a su familia pobre. Pero Zezé no tiene muchos amigos (en realidad sólo uno), encuentra fríos a sus padres adoptivos, y se siente solo y atrapado. Pero, por suerte, un día se encuentra un sapo cururú que le propone que vivirá en su corazón, le hará siempre compañía y sólo lo dejará cuando Zezé ya no le necesite. Más adelante, otro golpe de suerte hace que el actor Maurice Chevalier pase a ser su padre adoptivo y le de todos los mimos y cariños que el matrimonio que lo acoge no le da, porque el mismo Zezé se comporta de forma fría con ellos. 

Este carácter sensible e imaginativo hasta el exceso, a mí nunca me ha molestado; es más, me ha gustado. En cambio, a veces Zezé me ha cargado un poco, por lo quejica que es, porque no sabe valorar a sus padres adoptivos, porque sus travesuras son cansinas y al final siempre sale de rositas, etc. Pero todo queda compensado por un magnífico capítulo final. En él, Zezé ya no es Zezé, sino un hombre maduro y desengañado, que recuerda con melancolía y nostalgia su infancia. 


martes, 25 de noviembre de 2014

'El príncipe negro' de Iris Murdoch




'El príncipe negro' se parece muy mucho a la otra novela de Iris Murdoch que he leído, 'El mar, el mar', hasta el punto que a veces parecen dos versiones de un mismo punto de partida: un tipo bastante detestable y nada fiable como narrador, en plena pre-crisis de los 60, se empeña en vivir una historia de amor algo ridícula, mientras a su alrededor se congregan una serie de personajes que le estorban en su empeño. Se ve que no es porque todas las novelas de Murdoch se parezcan tanto, sino porque yo he escogido las dos que más se parecen. Pero aún así, las dos tienen muchas particularidades que las revisten de una personalidad propia.

Ahora mismo, si me preguntarais a qué otro escritor se parece Murdoch, sin dudarlo respondería que Vladimir Nabokov. Los dos comparten la ironía, un sentido tragicómico de la existencia, la misantropía, una preferencia por los narradores en primera persona nada fiables, y la concepción de la literatura como un juego entre escritor y lector. Además, 'El príncipe negro' en concreto me recuerda a 'Lolita', porque el protagonista de 58 años se enamora de una chica de 20, porque hay un prólogo de un supuesto editor y un asesinato por celos, y porque una interpretación posible de las novelas es que buena parte de la acción ha ocurrido sólo en la cabeza del narrador/protagonista, que quizás esté loco o quizás esté perfectamente cuerdo.

El protagonista de 'El príncipe negro' es Bradley Person, un trabajador de Hacienda retirado, que publicó un par de libros hace muchos años y ahora se propone escribir su gran obra. Bradley tiene un amigo, Arnold Baffin, también escritor, pero con la pequeña diferencia que éste es prolífico y con mucho éxito de público. Los dos mantienen una relación ambigua, llena de celos, resentimiento y sentido de superioridad. Se podría decir que los dos compiten por la atención de tres mujeres, la esposa de Arnold, la hija de éste y la ex-mujer de Bradley. Hay también dos personajes aún más segundones: la hermana de Bradley (que abandona a su marido y se pasa el libro llorando entre ataques de histeria) y el hermano de la ex-mujer de Bradley (que es el que insinúa en voz alta que Bradley en realidad está enamorado de Arnold).

Una de las escenas culminantes de la novela es una discusión sobre 'Hamlet'. ¿Está Hamlet enamorado de Ofelia, de Gertrudis, de Claudio o de Horacio? (Dicho sea de paso, yo debo ser la única persona a la que le gusta pensar que Hamlet está enamorado de Laertes). En el fondo no importa; todas las lecturas son válidas y se enriquecen las unas a las otras. Tampoco importa decidir si el fantasma del padre es real o no. Tampoco importa dilucidar cuánto hay de verdad o de mentira en lo que cuenta Bradley, porque nunca lo sabremos. El libro se termina con epílogos escritos por los otros personajes que ponen en duda lo que cuenta Bradley, pero también queda claro que estos narradores tampoco son fiables, porque aprovechan para venderse a ellos mismos y a su versión de la verdad.

Otra de las escenas culminantes es la noche en la ópera de Bradley y su amada, que termina con él vomitando en los zapatos de ella y confesándole su gran amor, un amor tan súper intenso que llega hasta el paroxismo. Dejo caer este dato para que veáis el sentido del humor que gasta Iris Murdoch. Pero no siempre es así, a veces gasta una ironía sutil, tan sutil que no sabes si está hablando en serio o te está tomando el pelo. Sea como sea, a mí me parece una novela muy divertida, además de original e inteligente, y con un ritmo endiablado: continuamente pasan cosas y continuamente hay giros inesperados (un ritmo que, para seguir con las comparaciones, diré que me recuerda el de Dostoievski). Es una novela intensa y compleja, que continuamente hace guiños al lector.