viernes, 19 de septiembre de 2008

En palabras de Kate Gompert

Creo que probablemente hay diferentes tipos de suicidas. Yo no soy de las que se odian. No soy del tipo que dicen "Soy una mierda y el mundo estaría mejor sin mi presencia" pero al mismo tiempo se imaginan lo que dirá todo el mundo en su funeral. He conocido gente así en los psiquiátricos. Gente que dice "Pobre de mí, me detesto, castigadme, pero no dejéis de aistir a mi funeral". Luego te muestran una foto en color de su gato muerto. No es más que puta autocompasión. Una pura mierda. Yo no tenía ninguna inquina especial. No fracasé en ningún examen ni me abandonó nadie. Toda esa gente se hace daño.

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Yo no pretendía hacerme un daño especial. Ni sufrir un castigo. Yo no me odio. Solo quise hacerlo. No quería jugar más, eso es todo.

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Quería dejar de estar consciente. Soy de un tipo totalmente distinto. Quería dejar de sentir así. De haber podido caer en un coma realmente prolongado, lo habría hecho. O haberme producido un shock a mí misma. Lo habría hecho.

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Lo último que quería hacer era hacerme daño. Simplemente no quería sentirme más de este modo... No creía que esta sensación fuera a desaparecer en el futuro. No lo creo. Todavía no lo creo. Prefiero no sentir nada.

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La sensación es por lo que quiero hacerlo. La sensación es la razón por la que quiero morir. Estoy aquí porque quiero morir. Por eso estoy en una habitación sin ventanas y con bombillas de seguridad y sin llave en el lavabo. Por eso se llevaron mi cinturón y los cordones de mis zapatillas. Pero noto que no se llevan las sensaciones, ¿o sí?

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Cuando la gente dice esa palabra [depresión], me enfurezco porque siempre pienso que depresión suena como si una se pusiera muy triste y melancólica y se quedara sentada en silencio al lado de la ventana suspirando o se echara en la cama. Un estado en el que a una no le importa nada. Una especie de estado triste y en paz.

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Pues bien, esto no es un estado. Se trata de una sensación, de algo que siento. Lo siento en todo el cuerpo. En los brazos y en las piernas.

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En todas partes. La cabeza, la garganta, el culo. El estómago. Está en todas partes. No sé cómo llamarlo. Es como si no lograra encontrar nada fuera de esa sensación, así que no sé cómo llamarla. Es más horror que tristeza. Es más como horror. Es como si algo horrible estuviera a punto de suceder, lo más horrible que una se pueda imaginar, no, peor de lo que una pueda imaginarse porque está también la sensación de que tienes que hacer algo ya mismo para detenerlo, pero no sabes loque se debe hacer y entonces sucede también, todo el tiempo, está a punto de suceder y al mismo tiempo sucede.

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Todo se vuelve horrible. Todo lo que ves es feo. La palabra apropiada es "espeluznante". El doctor Garton dijo "espeluznante" en una ocasión. Esa es la palabra exacta. Y todo suena áspero, espinoso y áspero como si cada sonido que una escuchara de repente tuviera dientes. Y el olor: ya huelo mal incluso cuando acabo de salir de la ducha. ¿Para qué voy a bañarme si cuando acabo de hacerlo huelo como si necesitara otra ducha?

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Tengo más miedo de esa sensación que de cualquier otra cosa. Más que del dolor, o de que mi madre se muera o de la contaminación ambiental. Más que nada.

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Pero imagínese usted si se siente así en todas partes, que cada célula y cada átomo o neurona o lo que sea que tiene dentro sintiera tantas náuseas que quisiera vomitar pero no puede, y usted se siente así todo el tiempo, y usted está seguro, no tiene la menor duda de que esa sensación no se irá jamás y que se va a pasar el resto de su vida natural conviviendo con ella.

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'La broma infinita' de David Foster Wallace (páginas 87-90)

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